Una torre humana en la cima de Europa: así han hecho historia los Castellers de Barcelona
Los Castellers de Barcelona han firmado una actuación inédita en el Jungfraujoch – Top of Europe, en Suiza, donde levantaron un castell a 3.454 metros de altitud, la cota más alta registrada hasta ahora para una actuación castellera. La hazaña, realizada el pasado 25 de junio, convierte esta expedición en un hito cultural y simbólico que une tradición, montaña y movilidad sostenible. con un título realmente llamativo: el castell más alto del mundo.
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El escenario donde se ha conseguido esta gesta no podía ser más excepcional: el Jungfraujoch. Esta montaña es uno de los enclaves más emblemáticos de los Alpes suizos, y acoge la estación de tren más alta de Europa, desde donde se obtienen unas espectaculares vistas del glaciar Aletsch, declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO. Allí, cerca de 200 miembros de la colla completaron una actuación que suma complejidad técnica, resistencia física y una enorme carga simbólica.
Hasta ahora, el récord estaba en el Aneto, pero la colla barcelonesa ha elevado el listón en un entorno todavía más extremo. No se trata solo de una cifra, hacer un castell en esas condiciones implica coordinar esfuerzo, equilibrio y confianza en un entorno donde la altitud añade dificultad a cada movimiento.
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Ruta cultural por Suiza
La expedición de los Castellers de Barcelona fue más allá de la cumbre y se convirtió en un recorrido cultural por distintos puntos de Suiza. La organización contó con la colaboración de Suiza Turismo, que facilitó parte de la logística y la movilidad del grupo a través del Swiss Travel Pass, con el que pudieron desplazarse por la red de transporte público conectando montañas, ciudades y lagos.
A bordo del GoldenPass Express, el tren panorámico que une Interlaken con Montreux atravesando los Alpes, los Castellers de Barcelona siguieron una ruta que combinó paisaje, patrimonio y tradición. La primera gran parada fue el castillo de Chillón, a orillas del lago Lemán, uno de los enclaves más conocidos de la Suiza francófona.
El viaje continuó en Lausana, capital olímpica mundial y sede del Comité Olímpico Internacional, donde la colla levantó varios castells frente al Museo Olímpico. En ese gesto hubo también una fuerte memoria simbólica, al utilizar la misma bandera que ondeó durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. Además, se levantó un pilar con la bandera de Venezuela en solidaridad con las víctimas del reciente terremoto.
La ruta terminó en Neuchâtel, donde la tradición castellera llegó al centro urbano y también a su puerto, con un castell frente al castillo de Neuchâtel y otro a orillas del lago. El resultado fue un cierre perfecto para un viaje que unió patrimonio, paisaje y cultura compartida.
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Castells, identidad y proyección internacional
Con esta actuación, los Castellers de Barcelona no solo han batido un récord de altura: también han llevado los castells a un escenario completamente nuevo, reforzando su dimensión internacional. La iniciativa demuestra cómo una tradición popular puede dialogar con otros territorios y convertirse en una herramienta de intercambio cultural.
La combinación de montaña, ferrocarril, ciudades históricas y acción castellera convierte esta expedición en una de las más singulares de los últimos años. Y deja una imagen potente: la de una torre humana levantándose en pleno corazón de los Alpes.
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