El gigantesco monolito de África que es casi imposible visitar
Imagina un bloque de granito tan enorme que se eleva desde la nada absoluta 633 metros hacia el cielo en medio del desierto más grande de África. No hay hoteles cerca, ni restaurantes, ni tiendas de souvenirs. No hay nada. Solo arena, silencio y tú frente a una de las formaciones rocosas más impresionantes del planeta. Este es Ben Amera, el monolito más grande de África y el segundo del mundo. Y casi nadie sabe que existe, y aun menos gente lo visita.
Hay lugares en la Tierra que parecen sacados de otra dimensión o que han sido puestos por seres llegados de otro planeta. Lugares donde la naturaleza ha decidido mostrar su lado más brutal, más despiadado, más impresionante. Ben Amera es uno de esos lugares.
Imagina cruzar cientos de kilómetros de uno de los desiertos más duros del mundo. Arena por todas partes. Un calor que te golpea como un martillo. Un silencio absoluto, solo roto por el viento. Y, de repente, en medio de esa inmensidad vacía, aparece él. Una pared vertical de granito que se eleva 633 metros hacia el cielo, como si una mano gigante hubiera plantado una montaña en medio de la nada.
No hay señales. No hay vallas. No hay turistas haciendo cola para la foto perfecta. Solo tú, el desierto infinito y esta mole de piedra que ha estado aquí durante miles de millones de años. Mucho antes de que existieran los humanos, mucho antes de que existiera cualquier otra cosa que importara.
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Llegar hasta aquí no es fácil. No hay carreteras, no hay señales, no hay nada. Sólo pistas de arena que cambian con el viento. Un 4×4, un conductor que sepa leer el desierto como si fuera un mapa y unas ganas terribles de vivir algo que el 99,9% de los viajeros jamás experimentará. Eso es lo único que hay.
Pero si logras llegar, si logras plantarte frente a este gigante de granito en medio del Sahara, te prometo que nunca volverás a ver el mundo de la misma manera. Porque Ben Amera no es solo una roca. Es una declaración de que la naturaleza sigue ganando, todavía impone, todavía asombra. Y ahora que sabes que existe, solo queda una pregunta: ¿te atreves a ir a buscarlo? Yo te ayudo.
Un gigante de granito en medio de la nada
Ben Amera es un monolito, es decir, una formación rocosa de una sola pieza que se eleva abruptamente desde el terreno circundante. En este caso, el terreno es el desierto del Sahara, en el norte de Mauritania, cerca de la frontera con el Sáhara Occidental.
Sus dimensiones son difíciles de procesar ya que son 633 metros de altura desde la base hasta la cima. Para ponerlo en perspectiva, es más alto que la Torre Eiffel (330 metros) y que el Empire State (381 metros). Si lo apilaras dos veces, casi alcanzarías la altura del Burj Khalifa en Dubái.
Geológicamente, Ben Amera está compuesto de granito precámbrico, una roca que se formó hace miles de millones de años. Con el tiempo, la erosión del viento y la arena fue desgastando el terreno circundante, dejando solo este brutal bloque de piedra en pie. Los geólogos lo clasifican como un inselberg, una «isla montaña» que emerge de una llanura plana.
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Lo curioso es que nadie sabe exactamente cuánto mide Ben Amera. La parte visible es impresionante, pero los expertos creen que una gran porción del monolito está enterrada bajo la arena del desierto. Si se contara esa parte subterránea, Ben Amera podría ser incluso más grande que Uluru, el famoso monolito australiano que todo el mundo conoce y que recibe miles de visitantes al año. Ben Amera recibe… bueno, recibe a los aventureros lo suficientemente locos (o valientes) para cruzar el Sahara hasta llegar a él.
La leyenda de Ben Amera y Ben Aicha
Si la geología te parece aburrida, los mauritanos tienen una historia mucho más interesante. Según el folklore local, Ben Amera no está solo en el desierto. Tiene pareja: el monolito Ben Aicha (o Aïsha), que se encuentra unos kilómetros más al sur y es ligeramente más pequeño.
La leyenda cuenta que Ben Amera y Ben Aicha eran amantes. Pero un día, Ben Amera traicionó a Ben Aicha. Los detalles varían según quién te cuente la historia. Algunos dicen que fue infidelidad, otros que fue abandono, otros que fue algo mucho más dramático. Lo que sí está claro es que, como castigo, los dos amantes fueron separados y convertidos en piedra, condenados a mirarse desde la distancia sin poder tocarse nunca.
Es una historia triste, pero también poética. Y explica por qué los dos monolitos están donde están. Ben Amera, el más grande y orgulloso, al norte. Ben Aicha, más pequeño y melancólico, al sur. Ambos solos en medio del Sahara, recordando un amor que terminó mal.
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Cómo llegar a Ben Amera (si es que te atreves)
Aquí viene la parte divertida. Porque llegar a Ben Amera no es como reservar un vuelo a París y pedir un Uber hasta la Torre Eiffel. Es una aventura que requiere planificación, dinero, paciencia y un buen seguro de viaje. Si finalmente te atreves, estos serían los pasos que debes seguir:
Paso 1: Volar a Mauritania
Primero necesitas llegar a Nuakchot, la capital de Mauritania. No hay vuelos directos desde Europa continental, así que probablemente harás escala en Casablanca, Dakar o Las Palmas (desde donde sí hay vuelos directos). Una vez allí, alquila un coche o contrata un tour que te lleve hasta Atar, la ciudad más grande del norte del país, a unas 5-6 horas en coche.
Paso 2: El Tren del Hierro (opcional pero recomendadísimo)
Si quieres añadir una capa extra de aventura a tu viaje, puedes subirte al famoso Tren del Hierro de Mauritania. Es el tren más largo y pesado del mundo con sus casi 3 kilómetros de longitud y más de 200 vagones cargados de mineral de hierro. De hecho, nosotros nos montamos en ese tren y puedes leer el artículo en este enlace.
El tren sale de Zouérate (la ciudad minera) y va hasta Nuadibú (el puerto en la costa), pasando por Choum, un pueblo que en realidad es solo una estación de tren con unas pocas casas alrededor. Pasa una vez al día, normalmente entre las 16:00 y las 23:00, pero los horarios son «flexibles». Muy flexibles. Los locales te dirán «el tren pasa cuando pasa».
El viaje dura de 12 a 14 horas, es ruidoso, sucio y peligroso, pero también es una de esas experiencias únicas que puede tener un viajero. Subirse en un vagón de carga lleno de mineral de hierro y cruzar el Sahara bajo un cielo estrellado, con el viento y la arena golpeándote la cara no se puede hacer en ninguna otra parte.
Paso 3: 4×4 hasta Ben Amera
Desde Choum o Atar, necesitas un vehículo 4×4 y un conductor experto al volante. No hay carreteras asfaltadas, solo pistas de arena que cambian con el viento. El trayecto hasta Ben Amera lleva unas 2 o 3 horas, dependiendo de dónde te alojes.
Es importante llevar agua suficiente (mucha agua), comida (no hay nada cerca), combustible extra (no hay gasolineras), un equipo de camping (si planeas quedarte la noche y sin duda alguna un mapa o un sistema de GPS ya que el móvil no tiene señal.
Paso 4: Acampar en la base
Una vez allí, puedes acampar en la base del monolito. Es legal, es gratis y es una experiencia inolvidable. Tú, tu tienda de campaña, el Sahara infinito, millones de estrellas y Ben Amera elevándose sobre ti como un gigante guardián silencioso que quizá despegue en mitad de la noche y vuelva al lugar del que vino.
Qué hacer en Ben Amera (aparte de contemplar la inmensidad)
Una vez en Ben Amera, las opciones son limitadas pero intensas. Si te gusta la escalada, técnicamente se puede subir al monolito, aunque requiere equipo especializado y experiencia. Las caras de granito son empinadas y el viento puede ser fuerte, pero es una oportunidad única de subir a un sitio donde muy pocos humanos han estado.
Para nosotros los fotógrafos, el contraste entre el monolito oscuro y la arena clara del desierto es perfecto. Y si tienes suerte, puedes capturar el tren del hierro pasando a lo lejos, con el monolito de fondo. El dron aquí es indispensable, pero cuidado con los permisos necesarios en la frontera de Mauritania.
Si te apetece explorar los alrededores, hay otros monolitos más pequeños cerca, como Ben Aicha. Y si te alejas un poco, puedes encontrar antiguos petroglifos grabados en la roca. O también puedes simplemente sentarte, mirar el monolito y dejar que tu cerebro procese lo pequeño que eres en comparación con esta mole de granito. Es, en cierto modo, una sesión de terapia psico-onanista.
Cuándo ir a ben Amera (y cuándo ni pensarlo)
La mejor época para visitar Ben Amera es de noviembre a marzo, cuando las temperaturas son más suaves. Durante el día puedes esperar 25-30°C, y por la noche la temperatura puede bajar hasta 10-15°C.
En verano (de junio a septiembre), las temperaturas superan los 45-50°C. El calor es tan intenso que puede ser peligroso, incluso con mucha agua. Mejor no te plantees ir en esta época aunque sea el único momento del año en que tengas días libres.
También debes tener en cuenta que el tren del hierro puede cancelar su paso si hay tormentas de arena o problemas técnicos. Así que siempre es buena idea tener un plan B y ser flexible en tus fechas y estancia en Mauritania.
Ben Amera no es un viaje. Ben Amera es una prueba. Una prueba de que todavía hay lugares en la Tierra que no han sido domesticados, que no han sido Instagramizados hasta la saciedad. Y aunque nunca llegues a visitarlo, saber que existe ya es reconfortante. Porque significa que todavía hay lugares que no han sido convertidos en productos turísticos. Lugares que mantienen su misterio, su leyenda y su capacidad de asombrar a quien se toma la molestia de buscarlos.
Ben Amera es un recordatorio de que la aventura todavía existe, pero solo para quienes están dispuestos a ir a buscarla.
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Qué interesante, no lo conocía y me han entrado unas ganas locas de ir. Gracias