Tulum, de paraíso en el cielo a infierno en la tierra
Hace no tanto, Tulum era ese lugar del que te sentías orgulloso de hablar. Un rincón secreto del Caribe mexicano donde el tiempo parecía haberse detenido en sus ruinas mayas junto a playas típicas de los pósteres que inundaban las agencias de viajes. Hoy, basta con mencionar su nombre para que te lancen una mirada de complicidad triste: «¿Tulum? ¿Pero eso no está muerto?». Lo que antes era un paraíso escondido se ha convertido en un caso de estudio sobre cómo un destino puede colapsar bajo su propio éxito.
Tulum no siempre fue sinónimo de precios abusivos, taxis que te cobran lo que les da la gana y playas cubiertas de sargazo. Durante décadas, fue el refugio de viajeros alternativos, mochileros y amantes de lo auténtico que huían del turismo masivo de Cancún y Playa del Carmen. Pero algo pasó en el camino. El destino se volvió víctima de su propia popularidad. Los precios se dispararon, la infraestructura colapsó, la seguridad se deterioró y el sargazo convirtió las playas en paisajes dignos de una película postapocalíptica.
El resultado es una crisis sin precedentes. En julio de 2026, la ocupación hotelera en la zona costera cayó al 20%, y más de 70 negocios han cerrado sus puertas. La zona arqueológica, que llegó a recibir más de 2 millones de visitantes al año, vio caer sus cifras un 33% solo en el primer trimestre de 2026. Los hoteleros hablan de «pueblo fantasma» y algunos incluso evalúan abrir solo en temporada baja, cuando el sargazo no arrasa con las playas.
Pero, ¿cómo llegamos hasta aquí? Para entenderlo, hay que viajar atrás en el tiempo.
Seguro que te interesa: Guías Rápidas de viaje a las principales ciudades del mundo, ¡gratis!
Un viaje en el tiempo de Zamá a Tulum, la historia de un paraíso que se convirtió en producto
Tulum no empezó como destino turístico. Empezó como Zamá, que en maya significa «amanecer». Era una ciudad amurallada construida entre los siglos XIII y XV, uno de los puertos comerciales más importantes del mundo maya en la costa del Caribe. Sus edificios, orientados hacia el este, recibían los primeros rayos del sol cada mañana. Desde lo alto de sus acantilados, los mayas controlaban las rutas marítimas y comerciaban con obsidiana, jade, sal y cacao.
Cuando los españoles llegaron en el siglo XVI, Tulum ya estaba en declive, pero siguió habitada durante unas décadas más antes de ser abandonada por completo. Durante siglos, las ruinas permanecieron ocultas bajo la vegetación, custodiadas solo por el sonido del mar y el viento. No fue hasta 1939 cuando la zona arqueológica se abrió oficialmente al público. Y aún así, durante décadas, llegar hasta allí era una aventura. Carreteras en muy mal estado, instalaciones inexistentes y un ambiente que atraía más a arqueólogos y aventureros que a turistas convencionales.
¿Viajar sin facturar? No te pierdas nuestro artículo con las mejores maletas de equipaje de mano para meter en el avión sin problema
Todo cambió en los años 90 y 2000. Mientras Cancún se consolidaba como el destino de resorts todo incluido y Playa del Carmen empezaba a despegar, Tulum se posicionó como la alternativa «auténtica» y «bohemio-chic». Los primeros hoteles boutique surgieron entre la selva y el mar con cabañas rústicas, sin aire acondicionado, precios accesibles y un ambiente relajado. Era el lugar perfecto para mochileros, jóvenes viajeros que recorrían Sudamérica en los meses que no estaban «haciendo la temporada agrícola en Europa» y todo aquel que buscaba algo más que una tumbona junto a la piscina.
Pero el boca a boca funcionó demasiado bien. Lo que antes era un secreto bien guardado se convirtió en tendencia global. Con la llegada de las redes sociales, Instagram y Facebook llenaron sus feeds de fotos de hamacas frente al mar, restaurantes de lujo en medio de la jungla y fiestas en la playa. Los precios subieron. Las cabañas de 10 dólares la noche se convirtieron en hoteles de 300 dólares. Los tacos de 10 pesos se disfrazaron de gastronomía exótica de Miami. Y ese ambiente desenfadado que atraía a los primeros visitantes dio paso a un turismo de lujo que poco tenía que ver con el espíritu original del lugar.
Tulum pasó de ser un refugio para viajeros alternativos a convertirse en un destino de influencers, celebridades y turistas dispuestos a pagar lo que fuera por una foto perfecta. El problema es que, cuando te conviertes en producto, dejas de ser un lugar con alma. Y eso, al final, tiene consecuencias.
Cuando el paraíso se llenó demasiado, así llegó el colapso de Tulum
El primer síntoma del problema fue el precio. Tulum se volvió caro. Muy caro. Según datos de 2026, el alojamiento promedio en Tulum costaba un 27% más que en Playa del Carmen y un 26% más que en Cancún. Un hotel boutique en la zona costera podía llegar a cobrar 9.000 pesos por noche (unos 450€). Los restaurantes, los tours, los taxis… todo se encareció a un ritmo que dejó atrás incluso a otros destinos de lujo de la región.
Pero el precio no fue el único problema. La seguridad se deterioró. La tasa de criminalidad en Tulum subió de 393 a 529 delitos por cada 100.000 habitantes en un solo año, superando ampliamente a Cancún, que se mantuvo en 287. Los turistas empezaron a denunciar robos, extorsiones y una sensación de inseguridad que antes no existía. El crimen organizado encontró en el boom turístico una oportunidad de negocio, y eso espantó a muchos visitantes.
El transporte fue otro punto crítico. Los taxis de Tulum se hicieron famosos por cobrar tarifas abusivas sin taxímetro. Un trayecto de 10 minutos podía costarte 500, 800 o incluso 1.000 pesos, dependiendo del humor del conductor y de si eras turista o no. Las quejas se acumularon en redes sociales y foros de viajes. En octubre de 2025, los propios comerciantes de Tulum publicaron una disculpa pública a los turistas pidiendo otra oportunidad.
A esto se sumó la infraestructura colapsada. Tulum creció demasiado rápido, sin planificación. Las calles se llenaron de baches, el agua potable escaseaba, las aguas residuales se vertían al mar sin tratamiento y la selva se talaba para construir más hoteles y complejos residenciales. El destino que vendía «conexión con la naturaleza» estaba destruyendo la naturaleza que lo hacía único.
Y entonces llegó el sargazo.
¡No olvides tu seguro de viaje!
Nunca se echa en falta hasta que se necesita, además, tenemos descuentos directos para nuestros lectores. Compara entre estos seguros de viaje, los más utilizados por los viajeros, y consigue el que más te interese al mejor precio:
- Mondo descuento del 5% de
- IATI descuento del 5%
- Intermundial descuento del 10%
Sargazo, la puntilla final
El sargazo no es nuevo en el Caribe mexicano. Llega cada año entre abril y agosto, arrastrado por las corrientes del Atlántico. Pero en 2025 y 2026, la cantidad fue atípica. Los satélites detectaron más de 38 millones de toneladas de macroalga flotando en el océano, el doble que en años anteriores. Las playas de Tulum, antes blancas y limpias, se cubrieron de una capa marrón y maloliente que se descompone bajo el sol, liberando gases tóxicos y matando la vida marina.
Para los hoteles, la limpieza del sargazo se convirtió en un gasto insostenible. Algunos de ellos señalaban que el coste de retirar las algas les suponía más de 500.000 pesos semanales. Pero incluso con limpieza diaria, las playas no lucían como en las fotos de Instagram. Muchos turistas cancelaban reservas al confirmar niveles altos de sargazo, mientras que otros cambiaban de destino o se quedaban en el hotel evitando la playa.
La ocupación hotelera en la zona costera cayó al 20% en pleno verano de 2026. Las ventas de restaurantes y comercios se desplomaron hasta un 60%. Más de 70 negocios cerraron definitivamente. Algunos hoteleros empezaron a evaluar operar solo en los meses libres de sargazo, una medida extrema que reflejaba la gravedad de la situación.
El sargazo, sumado a los precios abusivos, la inseguridad y el transporte caótico, creó un círculo vicioso. Menos turistas significaba menos ingresos, menos ingresos significaba menos recursos para limpiar las playas, y menos limpieza significaba menos turistas. Un destino que llegó a recibir más de 2 millones de visitantes al año ahora lucha por no desaparecer del mapa turístico.
El intento de rescate: ¿puede Tulum renacer?
En julio de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum viajó personalmente a Tulum para reunirse con hoteleros y comerciantes. Tres días después, el gobierno federal lanzó el «Plan Tulum Renace», un paquete de 10 medidas para rescatar el destino. Entre las acciones acordadas estaban el acceso gratuito al Parque del Jaguar, reducción de tarifas en la zona arqueológica, un nuevo sistema de transporte público entre el centro y la costa, un plan reforzado de contención de sargazo y una fuerte campaña de promoción internacional para promocionar de nuevo el destino.
El sector hotelero recibió el plan con alivio y confiaron en revertir la tendencia para la temporada alta de octubre a diciembre de 2026. Pero muchos se preguntan si es demasiado tarde ya que Tulum no compite solo con Cancún o Playa del Carmen. Compite con Oaxaca, con una Colombia en ascenso o, más lejos con una Bali que sigue enamorando al turista, aunque para mí creo que la isla de Indonesia puede sufrir un problema similar al de este pedacito de paraíso mexicano.
Hoy, Tulum es una lección sobre los límites del turismo masivo. Sobre cómo un destino puede crecer demasiado rápido, perder su identidad y colapsar bajo su propio éxito. Pero también es una historia de resiliencia. Porque detrás de los hoteles vacíos y los comercios cerrados, sigue habiendo un lugar único.
Las ruinas mayas siguen allí, mirando al mar como lo hicieron durante siglos. Los cenotes siguen cristalinos. La selva sigue viva. Y la gente local, la que vio nacer el Tulum auténtico, sigue esperando que el destino recupere el equilibrio que alguna vez lo hizo especial.
Quizás Tulum no vuelva a ser exactamente como era. Pero si las medidas funcionan, si los precios se ajustan, si el sargazo se controla y si la seguridad mejora, quizás pueda renacer. No como el paraíso artificial de influencers y hoteles de lujo que ha sido estos últimos años, sino como lo que siempre debió ser, un lugar donde el amanecer (Zamá) todavía tenga significado. Donde el turismo no mate al destino, sino que lo sostenga porque, al final, ningún paraíso es eterno si no se cuida.
Seguro que te interesa: Guías Rápidas de viaje a las principales ciudades del mundo, ¡gratis!
Fotos: Licencia gratuita Unplash
Bibliografía: Revista Puntual Regional, Sol Quintana Roo, La Jornada Zacatecas, Miradas Internacional, Scribd


